No necesitas palabras especiales
Basta con decir que la presión es demasiado fuerte, que la postura resulta incómoda o que una zona genera inseguridad.
Un mensaje claro permite adaptar el trabajo de inmediato.
El silencio también puede ser cómodo
No tienes que conversar durante toda la sesión.
Primero acordamos lo importante y después puedes descansar sabiendo que puedes hablar en cualquier momento.
Las preguntas son bienvenidas
Si quieres saber qué está ocurriendo, pregunta.
Comprender el objetivo y el alcance del contacto puede facilitar la relajación y ayudar a construir confianza.
También conviene mencionar señales pequeñas
Los pies fríos, la necesidad de apoyar las rodillas o una luz demasiado intensa pueden dificultar el descanso igual que una presión inadecuada.
Estos detalles suelen poder cambiarse de inmediato.
La información ayuda, no juzga
Describir tus sensaciones no es criticar a la terapeuta.
Es información práctica que permite adaptar mejor el tratamiento a tus necesidades.